UN VIAJE CON LAS VACAS

Ser mexicano, ser de Chiapas y sobre todo de Tapachula, me ha dejado muy lindas experiencias entre ellas reconocer que todo individuo tiene algo que aportar a la sociedad y sobre todo a la historia de la humanidad, tal vez como seres normales y ordinarios que nos levantamos a las seis o cinco de la mañana para comenzar nuestra jornada e irnos al trabajo o a la escuela, y terminar nuestro día con una taza de café a las diez u once de la noche viendo una serie o una película de James Bond no nos hace superhéroes ni científicos galardonados por nuestras investigaciones, pero si dejamos huella en la vida de alguna persona.

                Con cuántas personas interactuamos al día, tres, cuatro, quince, o más de veinte, cada uno llevará su estadística, no lo sé, pero con ciencia cierta, conozco que han dejado mucho aprendizaje en la vida de las que rodean su círculo social, amoroso, religioso, político, etc. Con toda la seguridad de saber que antes de dormir dejamos pendientes para el otro día o conocimos a individuos que nos alegraron el día o nos la hicieron más complicada, como aquella tarde lluviosa de Mayo en que fui a la tienda de la esquina a comprar pan para acompañar mi café, esperando que escampara llegue a las nueve de la noche a la tienda y solo quedaban los panes más feos y quemados del canasto, entonces compre unas galletas para no irme con los panes feos, y la señora del local me dijo que a causa de la lluvia los panes habían terminado pronto.

                Un señor que llevaba una chamarra de los jaguares de Chiapas estaba platicando con la señora de la tienda y llamo mucho mi atención la historia que contaba pero sobre todo me cautivó la manera en que la narraba, pero su relato me llamo mucho la atención, porque había ocurrido en el pueblo de donde él venía, la crónica sucedió de la siguiente manera.

                Era una comunidad algo lejana del pueblo próximo, donde el camión pasaba cada hora, el reloj marcaba las cuatro de la tarde y pronto oscurecería, cuatro mujeres y dos niñas esperaban el transporte que los llevaría al pueblo pero esa tarde algo ocurrió con el chofer del camión, puesto que ya habían transcurrido dos horas de espera, las mujeres comenzaron a desesperarse, ellas no eran de la comunidad y necesitaban regresar a sus casas ya que sus esposos las esperaban y no solo ellos sino todos los oficios que una casa puede exigir, de pronto a lo lejos se acercaba un camión de carga, llevaba cuatro vacas que el dueño las vendería en el mercado del pueblo, le hicieron parada para que les hiciera el favor de llevarlas, el chofer no muy convencido de hacerlo no porque no quisiera sino por el hecho de que las tendría que llevar junto con las vacas, las mujeres no les importo el olor poco agradable que soltaban las heces del ganado, las dos niñas se fueron con el chofer en la parte de adelante del camión mientras que las vacas llevarían compartiendo su aroma con las señoras, el viaje duró cuarenta minutos, a lo que se les hizo muy lento, esos minutos pasaron como los caracoles corren por el monte, cuando llegaron al pueblo las mujeres en lugar de estar enojadas o mal humoradas por el olor, se encontraban riendo a carcajadas por el bonito recuerdo que les habían quedado.

                El señor que contaba la historia era el mismo chofer que llevaba las vacas a vender, fue algo divertido saber que ni el olor de las heces se desprecia en la vida, que bonita huella les dejaron las vacas a estas señoras.

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