Flores en el panteón

Una familia estaba recordando a su difundo cuando llegamos a la tumba de nuestro muerto, las flores de girasoles y las rosas adornaban las tumbas de los muertos que hoy hacían el año de haber partido de esta tierra.

Un aire silencio pasaba por ese lugar ese aire que te queda sin palabras, el corazón de los familiares recordaba a su muerto, pero al final se confortabam el saber que un día se volverían a ver.

Solo es tu aroma

Si fueras la estrella que alumbra mi sendero

Si fueras el sol que calienta mi frío corazón

Si dijeras que si a mis intentos fallidos de amor

Si le sonrieras a todos mis versos que te escribo

Serías tú la reina de mi mundo, la musa de mis sueños

Serías el motivo de cada suspiro que mandaría a los cuatro vientos

Aquí está tu poeta que te anhela cada minuto de vida

Aquí está un mortal que solo vive para escribirte

Solo es tu aroma que me eleva a otro mundo, otra vida, otro día

Solo tú y nadie más que tú mi bella dama nocturna que embellece la madrugada

Nunca me faltes

¿Escuchaste el temblor que hubo por la mañana? Fue en tí en lo primero que pensé, quería verte, sentirte y abrazarte, no quiero que nunca me falte tu mirada, porque el día que no vea tus hermosos ojos ese día comenzaré una vida sin vida, sin aliento y sin suspiros.

Nunca me faltes ho amada mía, jamás podré volver a ser el mismo sin ti, sin tu aroma, sin tus besos y tus caricias.

Una selva lejana

Había una vez una dama muy bella que esperaba la carta de su amado, el afortunado hombre llegaba una vez cada mes a su casa, trabajaba en una selva enseñándole a leer y escribir a los niños de la región, llegaba a su casa y se dirigía a ver a su amada, los besos y abrazos no le alcanzaban para decirle toda la extrañesa de su soledad.

Te extraño

Era una tarde nublada de junio, cuando los corazones habían llorado toda la noche y en las mismas vigilias se contaba las estrellas en el cielo, caminando sueños perdidos y soñando veredas olvidadas, ahí se encontraba un hombre extrañando el aroma de su amada.

—Puedes vivir sin mis letras— vociferaba— caminas, duermes y sueñas como siempre, en cambio yo, te pienso a cada instante, tu sonrisa me hace falta en las noches de bohemia ¿Te acuerdas de eso? Cuando te cantaba en el oído y mi querida guitarra me acompañaba para enamorarte canción a canción.

¿Quién te puede extrañar más que yo? Creo que nadie, pero tú sabrás cómo vives sin mí, porque yo sin tí siento morir.

Enluatdo estoy porque tus ojos me faltan, cuánto podré soportar, no lo sé, pero si conozco tu amanecer y tú atardecer en cada luna de Saturno ahí estaré para tí tu inefable rapsoda, escribiéndote, extrañándote y amándote.

Siempre es así

Todos se levantan temprano, se bañan, se arreglan, se ponen muy apuestos con sus mejores ropas, desayunan van al trabajo, regresan a casa, almuerzan, unos siguen trabajando otros duermen salen a visitar, todos cenan y, se van a dormir.

Todos hacen lo mismo hasta que la muerte nos visita o cuando sufrimos algún accidente.

Un llanto y una sonrisa

Era víspera de navidad, todos contentos, alegres, realizando las compras correspondientes a la fecha y las señoras de la casa preparando la cena para la noche, Rosaura era la única que no compartía la alegría de todos, el motivo, sin que solo ella lo supiera era la partida de un amigo que ese año había pasado a un plano celestial.

Triste era recordar las ocaciones en que fueron a la playa y juntos contemplaban las poderosas olas del mar, juntos realizaban incursiones a lugares poco habitados, aventureros de corazón y curiosa por nacimiento compartían la admiración de la naturaleza, un río, una cascada, un árbol de ceiba o pájaros volando en libertad, el llanto de Rosaura aparecía cuando recordaba a su gran amigo.

La madre de Rosaura llegó a platicar con ella, como toda madre conocia a su hija y la ituacion que pasaba en menos de dos horas la señora realizó un sermón que hizo cambiar de parecer a Rosaura. —La vida es un camino que todos pasamos, la muerte es el fin de ese caminar, pero también es el inicio de otra aventura, él se adelantó, pero pronto tu también lo alcanzarás— fueron las palabras de la sabía mujer, Rosaura suspiro, sonrió y se levantó para ayudar a su mamá en los preparativos de la cena de navidad.

Maravillas del mañana

Las siete de la noche de todos los sábados era el momento en que Julia de León llegaba a casa de Artemio Bautista, puntual, fresca, alegre y con un rico aroma a alcatraces, no tenía que hacerle ninguna invitación porque no la necesitaba, una amistad de la que gozaba Artemio Bautista desde hace una década, para esa hora el café ya estaba listo, una torta de nuez recién salida del horno en la mesa adornaba el corredor de la casa, el mantel de girasoles que siempre la recibía estaba puesto en la mesa, el motivo de las visitas era la simple razón de que estában vivos, Julia le contaba de sus aventuras en la platanera que ella administraba durante la semana, él le narraba las notas rojas que escribía en la prensa local.

—Este año me voy a morir— dijo Artemio con una mirada triste y fría. —Tu tienes más vida que un gato amigo— contestaba Julia. El presentimiento del fin de sus días de Artemio se debió a que en la semana cubrió la nota de un señor que había asesinado a su esposa con el cebollero que tenían en la cocina, catorce veces enterro el arma blanca en cuerpo de la mujer, el motivo no lo quiso decir pero me imagino que era el enojo reprimido que tenía por muchos años para su esposa, este señor se dedicaba a la brujería.

—Pude ver cómo me miraba de forma extraña mientras yo le tomaba fotos y le hacía algunas preguntas, creo que me lanzó un hechizo, porque a partir de ese día no me dan ganas de comer y ni de dormir— era la confesión de Artemio —No te va a pasar nada y si así fuera, no te preocupes yo organizaré tu funeral amigo— contestaba Julia en tono de broma para que su amigo sonriera.

Han pasado veinte años de aquella plática que tuvieron los amigos y hasta la fecha se siguen frecuentando, solo que ahora lo hacen cada dos meses y recordando al señor que había embrujado a Artemio Bautista.